llega el Adviento: ¡Despierta!

llega el Adviento: ¡Despierta!

El tiempo de Adviento nos invita a depertar, a desembotar los sentidos, a veces dormidos o pagados.

Escucha los sonidos que te rodean: los ruidos estridentes, los gritos sordos, el silencio que clama, la paz de la espera. Escucha la música suave, el dolor de un vecino, las noticias que incomodan, el tintineo de unos pasos conocidos. ¿Qué sonidos te son familiares?. Escucha

Toca con cuidado y ternura: el rostro de un niño, la piel delicada de un anciano, lo áspero que duele, lo suave que acaricia… el calor y el frío de la vida. Acaricia…

Huele, aspira y deja que el aire llegue hasta dentro…vuelve a respirar y con el aire frio y seco deja entrar la vida que te rodea. Huele la flor, el perfume, la naturaleza, la ciudad,  la humanidad, el desierto. Huele y deja que te evoque recuerdos y te haga sentir nuevas sensaciones. ¿Qué olor te trae buenos recuerdos?. Aspira profundo y déjate llevar por ese momento…

Saborea. Saborea la vida con sus múltiples matices. Saborea la vida, los detalles, los momentos. Lo dulce y amargo, lo ácido y lo que te agrada…¿a qué sabe tu vida?. Saborea una tarde de tranquilidad en casa, un día lleno de ajetreo. Saborea el agua fresca y un café caliente con un amigo. Saborea los instantes llenos de magia. ¿hace mucho que no hablas o quedas con un amigo/a? hazlo ahora…saborea.

Mira. Deja que tus ojos se posen en lo que le rodea. Acoge el color intenso de las cosas, y la luz tenue de la tarde. Fijáte en la mirada de los que te cruzas en la calle, en sus ojos, en su alma, en su luz, en su palabra callada. ¿Cómo es tu mirada?, ¿hacia dónde miras, sales de ti?, ¿hay cosas que prefieres no ver?. Mira y déjate mirar…¿qué ves?.

Adviento tiempo de fortalecer las manos débiles, afianzar las rodillas vacilantes. De escuchar (si tienes el corazón intranquilo): ¡ÁNIMO, NO TEMAS!. Mira que tu Dios viene y te rescatará, te salvará de la oscuridad que te envuelve, del miedo, de la inseguridad, de la impotencia, del dolor de sentirte solo/a  y perdido/a. (Is 35,3)

¡DESPIERTA LOS SENTIDOS

Y DÉJATE ENCONTRAR POR ESE DIOS QUE VIENE!